EL
MATERIALISMO DISPENDIOSO DE ELIANA SIMONNETI
Abordar la pintura de
Eliana Simonetti supone hablar del hábeas de
conocimiento que le precede: la arquitectura. Este hábeas
representa el dominio de lo vertical y lo constructivo;
en cambio, la pintura se habilita como universo de lo
horizontal y lo diseminante. Le era preciso armar la
ficción de una incompatibilidad formal entre
un campo de referencia y otro para formular un conjunto
de problemas plásticos que resolverá en
el espacio del cuadro, por retracción de la proyección
y del volumen monumental. La pintura, aquí, vendría
a hacer estado de una ruina primordial. Esto es una
base de trabajo que considera la materia como índice
de relevancia mínima, para cuajar y fijar el
efecto de sentido que señala el origen de su
huella técnica.
El gesto de exponer en esta sala posee un valor institucional
sutil y púdicamente irruptor. Es aquí
por donde han salido habilitadas generaciones de "correcciones",
dando consistencia a una poética de enseñanza
de la arquitectura. Presumiblemente, en este "túnel"
se guardaban los granos o se guardaban animales y útiles
de labranza. Lo cierto es que en nuestras ensoñaciones
remite a la memoria especial del interior de una nave
que acoge nuestro deseo maternizante. De ahí
se me figura que Eliana Simonetti se dispone a abandonar
la casa en rito de pasar a una última y filial
"corrección". Este rito exige un pago
simbólico por el cruce de un espacio institucional
a otro , de la arquitectura al espacio plástico.
Y en esta traslación lo que incide es el fantasma
de "María Egipcíaca" del Poussin
de Balzac en "La obra maestra desconocida"
pequeña novela que se instala como fábula
de la constitución de un espacio en pintura.
Pequeña novela de Eliana Simonetti, en suma,
que relata en obra el abandono de una ideología
constructiva y racionalista para adquirir derechos en
una ocupación de los suelos dominada por la nación
del caos.
En este contexto, su pintura inicializante es una afirmación
de la noción de caos; un intento de recuperar
la aventura intelectual y sentimental de "volver
al origen". Es decir, aquel momento supuestamente
anterior, en que un corpus de conocimiento suficientemente
garantizado por una cultura plástica renacentista
no alcanza a sufrir los embates del imperativo racionalista
cuyo programa se convertiría en condición
de modernismo. Este es el modernismo de Eliana Simonetti
combate con su pintura y pone extrema tensión
material. Pero no es combate antimoderno; se trata mas
bien de una contramodernidad que desmonta sus imposturas.
La noción de caos aparece hoy día como
un lugar común en la interpretación de
la pintura. Es preciso recuperar, pues, su sentido originario
para salvarla del uso indiscriminado que los neoexpresionistas
y figuracionistas han hecho de ella en nuestro país.
En este terreno Eliana Simonetti tampoco sostiene un
discurso contra la arquitectura, sino contra la hegemonía
de ciertas representaciones plásticas que circulan
en algunos ambientes de arquitectos. Hay allí
un conflicto larvado que Eliana Simonetti rehuye, mantenido
un rigurosos pudor que termina por trasladar toda conflictividad
social el terreno del cuadro.
El materialismo de su práctica la ha conducido
a operar a este rito de paso con elementos diseminantes
que rinden tributo a la horizontalidad. Lo que hace
es afirmar un deseo de matricidad plástica que
reproduce el efecto de los mitos de origen. En particular,
un mito de origen de la pintura que tiene que ver con
la formalización de lo informe y con la informalización
de las formas elementales. Estas formas elementales
permanecerían en un grado de indeterminación
consistente si el acto pictórico no les introdujera
el factor de inconsistencia determinante de sus primeras
huellas.
En el inventario de huellas de Eliana Simonetti los
aparatos mecánicos aparecen como factores de
una instancia traumática; es decir, introducen
la ruptura en la continuidad natural. En este aspecto,
su ecología es de base naturalizante, que desea
no tanto reencontrar una naturaleza incontaminada, como
"hacer hablar" plásticamente la respuesta
de la naturaleza ante la agresión de la "cultura
del progreso". Sin embargo, el modo de aparición
de estas huellas esta en extremo mediado por manipulaciones
que borran los indicios de su proveniencia. Y lo hace
con tal énfasis, que delata apropiadamente su
ominosa presencia mediante el uso de materiales propios
de l industria y de la construcción, dando lugar
a zonas de un mimetismo fundamental que tampoco reconocen
un referente preciso. Sus relieves son protocolos de
intención, mas que nada, programadas para combinarse
con alta pregnancia de materiales artificiales que miman
representar erupciones telúricas y modificaciones
vegetales. Es como desconstruir de manera industriosa
la memoria del soporte.
En esta memoria se concentra, por así decir,
una especie de "código genética"
del color que apenas tolera la variedad tonal, teniendo
como propósito la exaltación de la textura
otorgándole al mismo tiempo un sobrepeso simbólico
que intenta controlar en lo posible su cadena de metaforicidad.
Pero en cada intento debe reconocer una derrota productiva
que la obliga a recomenzar con un gesto que siempre
denotará su inabarcable proyección. Esta
es su fuerza propiamente dispendiosa. Esa es la potencionalidad
de su diseminación ;es decir la puesta en obra
de su habilidad matérica progresiva-regresiva,
apelando a los tiempos lentos de la paciencia pictórica
más sabia.
Justo Pastor Mellado
noviembre, 1994
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